La habitación
Se mete en la cama sin asearse, prefiere oler a bar que pasar frío, hará como de costumbre, esta tarde, cuando se levante, calentará un par de ollas de agua y hará como que se da un baño decente. Las mantas calientan por su peso, tiene puestas las tres que tiene, apenas puede moverse bajo ellas pero si se mantiene en posición fetal consigue estar caliente las horas que dura el sueño. Dormir de día tiene muchísimas desventajas. Ha conseguido que no entre ni un ápice de luz por las ventanas, lo logran unas cartulinas negras encima de las persianas rotas, no entra ni la luz ni el aire, pero sí el sonido de la ciudad que comienza a despertar. Así que ha tomado como hábito dormir con tapones en los oídos, no le resulta cómodo, pero sí práctico. No recuerda haber soñado nunca, llega tan reventada del trabajo que sencillamente, soñar es un lujo que no se puede permitir. Cuando despierta a media tarde, sigue su propio ritual; el aseo le lleva cerca de una hora, ...