La hija del médico
Él era un hombre sencillo. Pasaba el día trabajando en el campo, con la única compañía de una mula. La vida le había brindado pocas alegrías. Quizás por ésto era hombre de pocas palabras, rudo, serio. Tenía poca cultura, de la que se adquiere leyendo, quiero decir. No había tenido tiempo de ir a la escuela. Con ocho años, la complicada situación de su familia, le obligó a ponerse a trabajar. Nunca se cuestionó nada, nunca tuvo sueños, nunca esperó nada más. Por eso, cuando la vio por primera vez, fue como abrir una ventana a otro mundo. Ella representaba todo lo que él no tenía. Con ella, por ella, empezó a soñar. Ella había tenido la suerte de haber nacido en el seno de una familia con posibles. Su padre era médico, y en la época que le había tocado vivir, había una jerarquía universal, era una de las tres personas más respetadas en los pueblos. Por orden siempre iba primero el alcalde, luego el párroco y luego, indiscutiblemente iba el médico. Había acabado la escuela, y ah...