El laberinto de la Diosa
Por fin se encontraba ya en el bosque. En la profunda oscuridad de la noche, su frondosidad le producía aún más terror si cabe, que el que había sentido en el forzoso cautiverio al que la habían sometido. Giró la cabeza y miró hacia arriba, clavó los ojos en el terrorífico torreón, y una lagrima, a modo de despedida, asomó a sus ojos. Su tibieza le abrasó las mejillas, limpiando el rastro de mudas plegarias, lanzando al viento el rumor de su postrera victoria. Pensó entonces que los acontecimientos de su vida, le habían llevado irremediablemente al punto exacto donde se encontraba. En el culmen de esta catarsis emocional, en su mística metamorfosis, puso el pie en el laberinto... Comenzó corriendo, la prisa de la incertidumbre la perseguía. Cada recodo era idéntico al anterior, no cesaba de repetir patrones. Paró entonces a tomar aire, tomó asiento por unos minutos para descansar las piernas y calmar la mente. Cada persona que le hizo daño, cada persona que la abandonó... ...