La dulce Erika
El abrigo dejaba ver más piel de la que tapaba. Siempre la tuvieron por rebelde, por eso quizás nunca nadie la ha tomado en serio. Cuando no era por el color del pelo, era por el largo de la falda, pero siempre había fiesta en casa a la hora de cenar.
Por mucho que intentase convencerse a sí misma de lo contrario, ése no era ni de lejos el motivo por el cual se escapó de casa en cuanto cumplió los dieciséis. El verdadero motivo dolía tanto, que había aprendido a no pensar en él, y tanto lo intentó, que por lo bien que se desenvolvia sola en el mundo, cualquiera diría que lo había conseguido.
Lo que peor lleva de este trabajo es el apestoso olor a grasa que se le pega al pelo y le obliga a lavarlo a diario. Tanto le molesta, que más de una vez ha tenido tentaciones de cortar su larga melena. La única razón por la cual no lo ha hecho ya, es porque a su entender, es el único rasgo verdaderamente femenino que posee. De poco apetito y complexión menuda, nunca ha podido lucir redondez en sus caderas, y el ínfimo pecho, un verdadero complejo para ella, siempre la ha obligado a huir de escotes atrevidos o transparencias que dejasen entrever su escueta e infantil lencería. Ni siquiera el intempestivo horario del que se queja todo el que intenta trabajar allí y termina por abandonar, la hizo echarse atrás. Necesita trabajar y tiene poca vida social, de modo que el turno de noche en un restaurante de carretera para camioneros, le vino bien.....
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Me encantaría que formases parte de mi caos. Me sigues?

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