Mujer Medicina, Amunet #lasonambula
Tras muchos minutos de desconcierto y viendo que no acertaban con el mal que lo aquejaba, Amunet que lo observaba todo desde su esquina salió corriendo y sin pensárselo, puso sus manos sobre el cuerpo de la criatura;
-¡Qué haces mujer!, le gritó el sacerdote levantando su vara para azotarla, quita tus sucias manos de su cuerpo, ¿cómo osas…
Amunet no le dejó terminar, miró a los ojos del Faraón, cosa que le estaba totalmente prohibida y le dijo;
-Si queréis que vuestro hijo viva, dejadme tocarle tan solo unos instantes, señor.
¿Quién era aquella joven que había osado mantener la mirada de Dios en la tierra?, ¿y de hablarle?, seguramente sería una loca, pero como el Faraón aceptó pues comprendió que no le iba a hacer ningún mal, todos aceptaron con él.
La chica se quitó la cuerda llena de nudos que llevaba como cinturón de su deslucido y andrajoso vestido, y comenzó a hacer extrañas mediciones en el cuerpo del niño, cada nudo coincidía con uno de sus órganos vitales. Tras un par de minutos de movimientos extraños y rezos en voz baja, seguramente tras haber hallado dónde se encontraba el lugar exacto de su dolencia, alzó las manos con las palmas hacia arriba, murmuró unas palabras y luego se frotó la una contra la otra. Cuando seguramente hubieron adquirido el calor necesario, Amunet las aplicó sobre el vientre del niño, que automáticamente dejó de gritar y llorar.
Los regentes, con lágrimas en los ojos por primera vez, se tomaron de la mano y las apretaron, esperaban realmente que la chica lo pudiera estar sanando. Los sacerdotes y magos bullían de envidia de ver que una simple campesina había logrado en dos minutos y una facilidad pasmosa, lo que todos ellos no habían podido hacer con su sabiduría ancestral reservada solamente para hombres.
La chica mantuvo las manos puestas largo rato, de vez en cuando parecía que extraía algo del vientre del niño y lo expulsaba con sus manos a su espalda, y volvía a comenzar. El niño yacía en el suelo completamente calmado y sin dar signos de estar sufriendo ningún dolor. Amunet seguía con una mano sobre la otra, o cada una a un lado del vientre, esa operación la repitió infinidad de veces.
Cuando el niño ya se encontraba con mejor cara y bastante más repuesto, ella se levantó y fue a retirarse sin más pretensión, pero el Faraón la llamó ante él. No es cosa propia de reyes dar las gracias, pero aquella chica que nadie sabía de dónde venía, acababa de salvar a su bien más preciado, así que la tocó, posó su insigne mano sobre su hombro. Eso fue todo, había sido tocada por el Faraón y eso ya era todo un símbolo, desde aquel día Amunet sería intocable, nadie podría causarle ningún mal dentro de su reino. Su esposa quiso dirigirle unas palabras de agradecimiento y la chica aprovechó, y le pidió audiencia, parecía grave lo que tenían que tratar.
Fragmento de "Mujer Medicina"
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