Mujer Medicina, Rosalinda #lasonambula


La primera vez que se vió curar a Rosalinda, sucedió tan rápido, que nadie llegó bien a comprender lo que había sucedido. Fue tras un desprendimiento en una de las minas a los pocos meses de llegar al asentamiento. Corrió como una gacela y fue de las primeras en llegar a socorrer a los heridos. Cuentan que sin usar instrumento ninguno, fue capaz de poner en su sitio los huesos dislocados de los mineros que aullaban de dolor, y se restablecían en cuanto Rosalinda les tocaba unos minutos. Descubrieron entonces que sabía entablillar y aplicar vendajes, y que curaba tan solo aplicando sus manos sobre el herido. Alguno hubo que se asustó y otros pensaron que se trataba de un milagro, pero ella pronto explicó que simplemente era un don con el que había nacido. 

Se la conoció automáticamente como la curandera de Chuquicamata y la voz corrió rápidamente como la pólvora por los pueblos vecinos. Pronto comenzó a hacer sus propias medicinas y tisanas con las plantas que ella misma se encargaba de recoger por los montes cercanos a la mina, con el rocío del amanecer.


 A la puerta de su casa nunca faltaban personas haciendo cola para que les curase, pero no solo el cuerpo, sino también la mente y el espíritu, porque si una cosa ha tenido siempre Rosalinda es que es una gran escuchadora, por eso todo el mundo creía que era tan sabia. Además era de las poquísimas personas del pueblo que sabían leer y escribir, y al ser tan bondadosa, le hacían todo tipo de consultas.

Así que dejó en pocos meses de acudir a hacer trabajos pesados, la demandaban únicamente para curar. 

Comenzaron a llegar con el tiempo viajeros de otras ciudades más importantes y lejanas, y hasta gente con mucho dinero. Pero ella siempre se negó a cobrar por compartir el don con el que había sido bendecida, así que la gente en agradecimiento, y como ella ya no trabajaba para ganarse el pan con el que sustentarse, comenzaron a llevarle “regalos”. Unos le llevaban comida, otros ropa, otros muebles, y los que no tenían nada que ofrecerle, le regalaban su trabajo. De esta manera Rosalinda llegó a tener una de las casitas más bellas del pueblo, pues siempre tuvo a mano un fontanero, un carpintero, o un jardinero que le ayudase en cualquiera de sus necesidades cotidianas.


Fragmento de "Mujer Medicina" 

💛💛💛 de @_lasonambula

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