A pesar de la vida
-Largo de aquí, negro de mierda!, volvieron a gritarle.
Aún estando harto de escuchar esta frase, nunca llegó a acostumbrarse del todo. Buscaba trabajo, algo que llevarse a la boca y un lugar caliente para dormir, no necesitaba comodidades, pero echaba de menos un colchón, al menos una manta que le reguardase de los rigores del frío invierno en España. Le separaban muchos kilómetros de su casa, pero la gran brecha no era la distancia, era el amor, la tolerancia y la justicia. Él, al igual que el puñado de almas que le acompañaron en la siniestra travesía del estrecho, no habían venido a robar, su intención era trabajar y mucho. Necesitaban, tanto como el comer, mandar dinero a sus familias, que por imposible que parezca, lo están pasando peor que ellos. Un sueño les empujó a arriesgar sus vidas.
La esperanza de una vida sin guerra, un futuro sin hambre, algo que en vista de lo acontecido parece una utopía. Varios compatriotas se dejaron la vida en el intento, fueron simplemente unos cuantos números que engordaron la lista de fallecidos sin pena ni gloria.
Nos llaman sin papeles, piensa para sí. Papeles para que… El mundo no tiene fronteras, acaso Dios nos hizo distintos para que luchásemos entre nosotros y para que uno obtuviese la supremacía?
No hemos entendido nada. Rechazamos lo distinto en vez de integrarlo para que nos enriquezca
A pesar de los siglos de exterminio y guerras, seguimos sin aprender la lección. Lo diferente suma, no resta. Es que vamos a esperar doscientos años para reconocer, como suele pasar, que esta generación se equivoca, que es intolerante y excluyente?.
Lleva todo el día empujando un carro con chatarra, pesa fácilmente el doble que él. No ha comido nada desde que se despertó. Tampoco ayer tuvo nada que llevarse a la boca. Quizás con algo de suerte, cuando venda hoy lo que ha conseguido, lo que nadie quiere, le alcance para llenarse el estómago con algo caliente. Este no era el futuro que para sí tenía en mente, pero mientras llega algo mejor, deberá seguir empujando el carro, deberá seguir mendigando.
Un líquido pegajoso y tibio le cubre la cara, a penas le duele. Le han robado el carro, no tendrá nada que vender, nada con que alimentarse. Le han robado a la vez la vida y la esperanza. Ha sido un compatriota que quizás tendría más hambre que él. En el suelo, acurrucado y con miedo, siente a la vez su estómago vacío y como se vacía su alma. Le abandona la vida.
-No lo he conseguido, madre…
Seguirán mandando hijos de África. Seguirán intentando cumplir el sueño de una vida mejor en una tierra prometida.
Seguirán intentándolo a pesar del riesgo, a pesar de la intolerancia, a pesar de la vida.
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