La Ninfa del hambre







El vestido de gasa vaporosa, era de un blanco inmaculado. Parecía sacada de un cuadro de Sorolla. 
Su piel era apenas sonrosada en las mejillas. 
Todo en ella era sutil. 
Su andar era tan delicado que en vez de andar, parecía que levitara. 
Sus pies, huyendo de la ardiente arena, buscaban el alivio de las olas que rompían con blancas crestas en la orilla.
Su pelo, con reflejos de fuego competía con el cálido ardor del sol. 
Su figura, esbelta y serena era la imagen clara de una ninfa que emergía de las aguas.
Buscaba a cada rato los besos que sensualmente dejaba escapar de los más rojos y perfectos labios que jamás vieron unos ojos humanos. 
Eran sus profundos ojos azules los que me buscaban a mí, y en ellos descubrí una tormenta perfecta. Pasión, lujúria y hambre, mucha hambre de amor. 
Sin miedo y sin piedad, dejando de una vez atrás la soledad, dimos un salto al vacío. No más temores, no más perdones, solos ella y yo. 
Era en fin, mi musa, mi Diosa, poesía pura que brotaba de mi mente y se plasmaba en verso. 
La dueña de mi vida entera, mi amor...
💜💜💜

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