Naturaleza muerta





Sobre las abrasadoras arenas pensó...
-Si no fuese por lo aparatoso de la situación, esta paradisíaca isla, podría ser un magnífico lugar donde pasar unas idílicas vacaciones...

La expedición salió del aeropuerto de Berlín pasadas las 12.00 pm.
Los tres biólogos y el guía debían encontrar la planta de la cual extraerían el suero que les reportaría, sin duda, el premio Nobel.
La rara flor azul solo crecía en la ladera de la montaña de aquella remota isla, en aquel lugar olvidado del mundo.

Pero el destino les tenía guardado un futuro bastante distinto.
El último trayecto antes de llegar a la isla no era demasiado largo, el continente apenas les separaba unos cientos de kilómetros de su objetivo. Los malos presentimientos que tuvieron cuando vieron la cafetera con la que debían afrontar el último tramo del viaje, se vieron confirmados cuando comenzaron a caer...

El agua del océano cada vez estaba más cerca, la velocidad era terrorífica. Las manos se sujetaban al asiento en un último esfuerzo por frenar la caída. Los gritos de sus compañeros eran desgarradores lamentos que se clavaban en sus oídos como bocinas de alarma.
El primer contacto con el agua fue un sonido sordo, idéntico al que se hubiese producido al chocar contra el suelo. Una ligera elevación antes de volver a caer. El segundo golpe fue menos intenso pero más largo. La pericia del piloto evitó el mal mayor, pero fue en vano.
Dejó de oír el llanto de sus compañeros. Desde la cabina dejaron de oírse las transmisiones, y su visión se volvió gradualmente más tenue hasta que perdió el conocimiento.

La sed y el calor abrasador le despertaron.
Sabor a salitre le amargaba la boca. Tenia las piernas aprisionadas entre los asientos. Cuando intentó liberarlas fue consciente de que no podía moverlas. Con la poca voz que surgía de su garganta, llamó pidiendo auxilio. Una vez, dos.... Nadie contestó.
Cuanta gente sabia donde se dirigían?. Cuanto tiempo pasaría hasta que notasen que habían tenido un accidente?. 
Llegaría a tiempo la ayuda?. 

Mientras tanto, en aquella playa desierta, comenzó a pensar en su suerte, en aquella rara flor azul maldita.
Quiso el destino que la naturaleza siguiese su curso?
Que nadie descubriese el remedio que se escondía en sus entrañas?

La humanidad se veía amenazada por una virulenta plaga. Les mandaron a encontrar el remedio, pero la tierra se revelaba. Era la Madre la que se sentía amenazada, y era al fin la humanidad, la plaga...
💜💜💜

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