La mujer del Fénix



-Madre, tengo frío...

El anciano de 30 años yacía acurrucado
al oeste del glaciar. 
Ya no sentía los pies envueltos en tiras de piel y musgo. 
Las manos desnudas hacía jornadas que dejaron de dolerle. 
La grave herida de su pierna le impidió cazar de nuevo, y su estómago rugia feroz desde hacía 3 días. 
Su cuerpo, escuálido y magullado, apenas tapado por jirones de pieles, entraba en los últimos estertores. 
El cabello moreno y sucio, se adornaba con una bella pluma, única nota de color de aquella lúgubre estampa. 
Una lanza y una cuerda fueron su ajuar. 
Nadie para llorarle, nadie para rezarle una breve oración que guiará su alma eterna. 
Aquel bello glaciar se convertiría en su intemporal tumba. 

-Madre, tengo frío.... 
-Sshhhh.... Solo queda un instante. 

Tu alma vieja y mi alma nueva se entrelazan en la eternidad como secuencias de adn. 
Mi hijo, mi Maestro. 

Te vas, pero aquí quedas. 
Es innecesaria una despedida, cuando es imposible nuestra separación. 

Y de las cenizas negras surgiste de nuevo... 
Cómo el Ave Fenix de fuego intemporal. 
Vuela alto, brilla fuerte. 
Y recuerda, a mi lado, siempre estará tu hogar! 

Para Jm, mi guía, mi hijo y mi amigo. 
💜💜💜
    

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