Danzarina
Cuanta perfección, que belleza. Lleva su larguísima melena rubia peinada en un tirante moño sobre la nuca, las flores que lo decoran compiten con su hermosura. Un sutil carmín da color a sus carnosos labios y en sus delicadas orejas apenas se atreven a brillar dos perlas. Las manos siempre en alto, incansables y en perfecto ángulo. Qué feliz se siente de poder bailar, pues el baile es su motor, su vida. Siempre lleva la delgada gasa del tutú almidonada. Las medias perfectas, bien anudadas las cintas de raso de las zapatillas y las punteras listas para desafiar la gravedad. Siempre entrenando, siempre bailando. El ritmo de la eterna melodia grabado a fuego en su adn. Comienza con cada amanecer y no acaba hasta que muere el día. La danza es su vida. Nunca ha llegado a cuestionarse nada, ni a soñar con hacer otra cosa... pues sin ella, su existencia carecería de sentido. Girar y girar, bailar y bailar. Los brazos en alto y la pierna extendida. Día tras día, siempre la misma mel...